EL CINE DE ÉPOCA: CINE BASADO EN HECHOS (MUY) REALES

Artículo en la web original: El cine de época

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El estreno en España de la danesa Un asunto real y de una nueva versión de Ana Karenina es una excusa para revisar alguna de esas películas de época en las que se nos retrata una sociedad tan encorsetada como sus protagonistas femeninas. El “cine de época”, ese que busca llamar la atención del público tanto por el desarrollo de su historia como por su ambientación, recrea momentos históricos, con más o menos acierto y, normalmente, con cierta dramatizando los hechos.

Los inicios del género

En un principio, el acercamiento a este tipo de cine se asemejaba más a una reconstrucción de los hechos que a una intención historicista, pero de la mano de Ernest Lubitsch, con películas como Madame DuBarry (1919) y Ana Bolena (1920), el romance histórico pasó a ser el protagonista, y no el fondo ante el que se desarrolla una historia más o menos romántica. Lutbisch, que algo sabía de esto del cine, lograba que su habilidad para los enredos amorosos diera un paso (o varios) hacia otro tipo de enredo, más dramático, pero no menos efectivo.

En blanco y negro también pudimos ver a Greta Garbo como Ana Karenina (1935). La película de Clarence Brown, protagonizada por, además de Garbo, Fredrich March y Basil Rathbone, es una adaptación muy cuidada, sin la duración excesiva que muchas veces lleva consigo este género (dura 95 minutos). Era la segunda vez que Greta Garbo interpretaba el personaje: la primera había sido en Love (Edmund Goulding, 1927), adaptación libre de la novela Tolstoi.

La madurez en Technicolor

La madurez del género va ligada, como en tantas ocasiones al avance técnico, y en este caso, a la aparición del Technicolor, con dos títulos como La feria de la vanidad (Rouben Mamoulian, 1935) y Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood, 1939), en las que se podía disfrutar de los vestuarios y los diseños de decorados con todo lujo de detalle. De todas formas, grandes producciones como las mencionadas, convivieron con otras más intimistas, como los largometrajes dirigidos por Max Ophüls en la década de los cincuenta, cuando regresó a Europa tras su exilio norteamericano, con películas como La Ronde, Lola Montes, Madame de… etc.

Una de las películas más celebradas de este género es, sin duda, El Gatopardo (Luchino Visconti, 1963). En ella se retrata la decadencia de la sociedad aristocrática en pleno auge de Garibaldi. Esa dualidad, que Visconti retrata con tanta maestría, que enfrenta el drama personal de los protagonistas con la agitación de una época histórica determinada, la opulencia con el conflicto, es el eje de toda la película. Visconti ya había dejado patente su buen hacer en este género nueve años antes con Senso (1954).

Los especialistas y los que pasaban por ahí

Avanzando más en el tiempo nos encontramos con directores como James Ivory y David Lean. El primero ha llevado a la pantalla adaptaciones de obras de Henry James (Las Bostonianas, 1984) y E. M. Foster (Una habitación con vistas, 1985. Maurice, 1987). De planteamiento muy clásico, son retratos costumbristas que analizan el conflicto de un individuo con las normas sociales de la época. En cuanto a Lean, su Doctor Zhivago está considerado unos de los mejores dramas históricos de la historia del cine.

Otros directores, como Stanley Kubrick y Scorsese, se alejaban de sus habituales ambientes cinematográficos para situarnos en sociedades como la irlandesa y la inglesa del siglo XVIII en Barry Lindon (Stanley Kubrick, 1975) o la neoyorquina de mediados del XIX en La Edad de la Inocencia (Martin Scorsese, 1993), y aunque no fueron más allá de esas incursiones, lo cierto es que ambos lograron dar con una combinación más que buena entre el drama de época y el estilo propio.

Y, si bien hubo un movimiento, como la Nouvelle Vague, que pretendía alejarse de este canon, la cuestión es que el cine de época sigue estando más que vigente. Ya sea como readaptación de un clásico de la literatura rusa, o como el retrato de la sociedad danesa absolutista del siglo XVIII.

 

Pie de foto: Greta Garbo encarnó dos veces a la heroína romántica de Tolstoi, tanto en Love (1927) como en Ana Karenina (1930).

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